jueves, 6 de mayo de 2010

Promesas y algo más... Coca o algo más?

Antes de convertirnos en una nación, el Perú pasó por muchas etapas severas y agotadoras que en el momento de su nacimiento como nación, lo llevaron a concentrarse en la esperanza de un futuro más próspero, para alejar sus pensamientos del duro pasado al que habían sobrevivido. Esta esperanza fue traducida como la promesa de una vida mejor para todos los peruanos, un hecho que tenía más semejanza con el pasado de la que creían, pues desde antes de la llegada de los españoles hasta los tiempos de independencia, el Perú resonó como un lugar próspero, de riquezas y bienestar. Esta época optimista no duró sino hasta el siglo XIX en el que, en palabras del historiador Jorge Basadre, el Perú fue escenario de "pecados impunes, arbitrariedades cínicas y oportunidades malgastadas". Aún así, la esperanza de esta promesa no se perdió del todo y se buscó su cumplimiento, aunque no de la manera correcta. Dos de los métodos más resaltantes que se utilizaron para llevar a cabo esta realización fueron: el debate entre ideas de libertad y autoridad, y al mismo tiempo la búsqueda de acelerar el progreso material.
Ambos errores se siguen cometiendo en la actualidad, el Estado peruano se desespera por explotar los recursos de nuestras tierras, pero no llega a un acuerdo con los campesinos que las habitan y trabajan.
Este es el caso de los cocaleros de la selva del Perú. El problema principal aquí es que un muy alto porcentaje de la producción de las hojas de coca (más del 80 %) es utilizado en el mercado ilícito del narcotráfico, es por esto que el gobierno busca erradicar estos cultivos con tanto empeño. Además de que el apoyo que les bridan los cocaleros a los miembros de sendero luminoso es un gran riesgo para la seguridad del país. Lo que el Estado propone es la erradicación de estos cultivos para reemplazarlos por alternativas como la yuca, el maíz, la papa, etc. Con esto, se busca eliminar cuanto antes grandes cantidades de sembradíos de coca para poder aprovechar las tierras y darles otro uso. El plan es bueno a simple vista, pero los cocaleros no piensan lo mismo en absoluto. Ellos califican las alternativas del gobierno como muy poco rentables. En adición a la baja productividad que tienen la mayoría de los alimentos en las cuencas cocaleras; al no contar con carreteras que les permitan comercializar con otros mercados, los productos terminan siendo para consumo propio y no generan ingresos a los agricultores por lo que exigen les permitan conservar sus cultivos de hoja de coca para poder mantenerse económicamente. En oposición a esta postura, el Estado presenta informes con los aportes y beneficios de los programas de desarrollo alternativo como se puede observar en la página web de DEVIDA (Comisión nacional para el desarrollo y vida sin drogas). Sin embargo, los agricultores cocaleros afirman que esta institución no realiza investigaciones y no publica las bondades y beneficios nutricionales, alimenticios y farmacéuticos de la hoja de coca en su uso tradicional; además, reclaman que las elevadas expectativas que generó la creación de DEVIDA no han sido satisfechas hasta el momento. Todos estos factores los llevan a permanecer en el mercado ilícito de la hoja de coca, ya que es la única solución que encuentran a su problema.
Entonces, nos preguntamos: ¿cuánto tiempo más seguirá este círculo vicioso de promesas incumplidas y de peticiones inflexibles? Ya es hora de que tanto el gobierno como la población se pongan de acuerdo y tengan un diálogo abierto y cabal para buscar una solución en la que ambas partes puedan salir beneficiadas, o al menos no se vean perjudicadas; finalmente, nadie quiere que los cocaleros queden desamparados, ni que el narcotráfico se intensifique.

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